Todo un honor

El pasado 12 de mayo el Profesor Cirilo Flórez, Catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Salamanca, dió su última lección oficial en un aula abarrotada de nuestra Facultad.

La lechuza desde hoy bate sus alas con menos brío porque Cirilo es de ese tipo de profesores inigualables. Capaz de provocar en el alumno aquel punto de emoción apasionada de la que hablaba Stendhal cuando se refería a las Bellas Artes. Capaz de guiarte, con sus lúcidos esquemas y entrañable cercanía, en un apasionante viaje por la gravedad e inteligencia de las ideas de los grandes pensadores de la historia, y concluir cada lección con un final que solo puede describirse con la boca abierta.

Yo acabo de llegar a la estación, y me dispongo a comprar ese billete para el viaje de la vida de Sartre del que usted habla, pero desde el atrevimiento y tal vez la insensatez propias de mi juventud, debo decir que ha errado en su despedida cuando afirma que desde hoy se baja del tren para no regresar a ninguna estación en la que ya no le espera nadie.

Se equivoca, Profesor, porque siempre le deberíamos aguardar en el apeadero, porque si aceptamos no esperar al ilustre viajero, el acero reblandece, zigzaguean los raíles, las traviesas se amontonan, y, en una estación desdibujada tras la bruma, el reloj se atrasa con el único acompañamiento sonoro de un silbido de un hastiado revisor que toca a retirada.

Si ya no hay tren, tomaré el barco, pues confío en todas sus lecciones, que para siempre serán faro, pasaporte y brújula.

Gracias, Profesor, por todos los ejemplos que me ha dado de buen hacer.

Gracias, Profesor, por 46 años de lucidez y entrega.

Ahora, cuando ya no importa el tren, el viajero y su legado, se convierten en destino.

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